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Alonso Fernández de
Lugo, a la postre Adelantado, vence en Julio de 1496 la última
resistencia guanche en el Realejo, dando por concluida la conquista de
Tenerife e incorporándola desde ese preciso momento a la corona de
Castilla. Atrás quedaban 3 años de duras batallas e intentos varios de
pacificación; luchas intestinales entre conquistadores, escaramuzas y
emboscadas, y un sin fin de hazañas de una y otra parte que han pasado
a la historia bajo el epígrafe de conquista realenga, por ser la Corona
quien sufraga los costes de la empresa.
La
Laguna aparece en la Historia desde fecha temprana, ya que fue en Agüere,
topónimo aborigen, donde se enfrentó el grueso de la tropa castellana
contra los aborígenes de los bandos guerreros del norte de la isla. Por tal motivo se erigen la Cruz de Piedra y la
ermita de San Cristóbal en el lugar donde más cruenta fue la batalla
que acabó con la vida del Mencey Bencomo o de su hermano Tinguaro (la
Historia no ha podido corroborarlo, aunque siempre han mantenido los
historiadores que fue el segundo) y por sucederse esta en el día de San
Cristóbal de cuyo santo tomó nombre la ciudad.
Tras
la definitiva rendición guanche en el Realejo, Alonso Fernández de
Lugo dirige sus tropas hacia Agüere, donde tenía pensado instalarse y
fundar una población. Tres razones principales han aducido algunos
historiadores para justificar dicha elección: la primera apunta
ineludiblemente a su lejanía desde la costa, salvaguarda de los frecuentes
ataques piráticos de la época; la segunda razón nos conduce a la
propia ubicación insular de La Laguna, siendo paso inevitable para
quienes se trasladan de una vertiente a otra de la isla; la tercera
y última razón se fundamenta en el suelo y clima de Agüere, ya
que este factor permitía el desarrollo de cultivos cerealísticos y
buenos pastos para la ganadería. Además, estaba la presencia de La Laguna de agua potable.
El
primer asentamiento tuvo lugar en la zona donde hoy se eleva la iglesia
de La Concepción, edificaronse casas
y una pequeña capilla consagrada a la Virgen de La Concepción
con materiales muy pobres y perecederos. Estas efímeras construcciones
dieron paso progresivamente a otras más duraderas, requeridas en los
acuerdos tomados por el Cabildo de la isla para evitar los asiduos
incendios y desastres que se producían por el empleo de materiales
combustibles (adobe, maderas y cubiertas de paja).
Las
construcciones de este primer asentamiento adolecen de planificación,
dispensándose las casas de modo arbitrario por toda la zona. Pronto
cambió esta situación, propiciada por un repentino traslado del
Adelantado hacia lo que será la Villa de Abajo, motivado, según la
tradición, por un altercado entre los vecinos y el hijo de este, quien
supuestamente pereció por tal hecho. La Historia ha demostrado la
falsedad de este acontecimiento y por tanto, sólo nos resta pensar que
fue una decisión personal del Adelantado, promoviendo las
construcciones ordenadas según la planimetría que imperaba en Europa
en ese momento, y que no era otra que el plano de cuadrícula o damero.
Cabe la posibilidad de que esta decisión tuviese que ver con los
problemas que empezaba a originar el agua de la laguna en los edificios.
Esta decisión del Adelantado se recoge en los Acuerdos del Cabildo
obligando a los vecinos a instalarse en la Villa de Abajo, prohibiendo
todo tipo de comercio y construcción en la Villa de Arriba; estas
obligaciones quedan recogidas en dichos Acuerdos
con fecha de 24 del IV de 1500, en las que se dice: “ Yten
ordenaron y mandaron que ninguna persona de ninguna condición que sea
osado de hazer casa en la Vylla de Arriba ni hagan ninguna cosa en las
que tyenen fechas en las de adobar, so pena que lo derrocarán todo lo
que hiziere y le llevarán dos mill mrs. de pena, y las casas que
ovyeren de hazer que las hagan desde l’espital de Santespiritus hazia
el logar de Abaxo, so la dicha pena”. (Acuerdo nº 178. Casas y pena).
Las
autoridades insulares toman múltiples acuerdos de este tipo, en los que
podemos hacer un seguimiento de cuantas disposiciones y medidas se
fueron adoptando para instar a los vecinos a usar buenos materiales
constructivos, mantener la limpieza de las calles, la alineación de las
fachadas, etc. Se trataba, en definitiva, de hacer de aquel pequeño núcleo
una verdadera ciudad. Una ciudad ordenada al modo renacentista.
El
casco histórico de la ciudad quedó prácticamente configurado a
finales del siglo XVI, tal y como se demuestra en el primer plano
conservado de la ciudad realizado por el ingeniero italiano Leonardo
Torriani en 1588. Posteriormente se han transformado muchas casas, se
han construido otras nuevas en lugares vacantes, pero el trazado de las
calles apenas se ha modificado. Este crecimiento urbano es consecuencia
del rápido aumento poblacional experimentado a principios del siglo
XVI, espoleado, en cierto modo, por la obligación de residir en el
Municipio so pena de perder sus repartimientos en el resto de la isla.
Así pues, en 1515 La Laguna contaba con una población
que rondaba los 3000 vecinos.
Muy
pronto comienzan las construcciones civiles destinadas a proporcionar
elementos indispensables para el bienestar de la ciudadanía como el
agua, traída desde las Mercedes por caños y canales desde 1521,
molinos de viento, el Matadero,etc. Las Casas Cosistoriales se empiezan
a construir en 1526, reuniéndose hasta entonces el Cabildo en
la Ermita de San Miguel, sita en la Plaza del Adelantado.
Desde
1510 la reina Doña Juana “La Loca” concede por Real Cédula de 23
de marzo el escudo de armas de la Ciudad, representándose al Arcángel
San Miguel dominando una peña que simula el Teide. En 1514 el
Ayuntamiento solicita el título de Ciudad por considerarla “mucho más
poblada e mejor que ningún pueblo de las otras islas de Canarias, e que
de la ciudad de Las Palmas”. Ante el silencio de la corte el 21 de
julio de 1521 el Ayuntamiento se autoconcede el título de Ciudad, que
fue corroborado por la corte de Carlos V en 1531. Posteriormente, se la
añade el título de Noble el 8 de septiembre de 1534. Actualmente
ostenta los títulos de Muy Noble, Leal, Fiel, y de Ilustre Historia,
Ciudad de San Cristóbal de La Laguna.
Simultáneamente
a esta eclosión constructiva civil se suceden las edificaciones de
lugares religiosos destinados al culto o al albergue de quienes dedican
su vida a la fe. Ejemplos de arquitectura religiosa podemos encontrar en
cada esquina de la ciudad, en cada calle, sembradas de ermitas, capillas
de cruces, calvarios, iglesias y conventos que nos transportan siglos
atrás cuando atravesamos sus vastos muros, testigos mudos del devenir
histórico de la Ciudad. Edificios apenas transformados en los siglos
transcurridos desde que se erigieron.
A
partir del siglo XVII se produce un notable estancamiento, tanto en
materia constructiva como poblacional, aunque son muchos los
historiadores que afirman que este hecho es fruto de la dispersión de
la población por la periferia. No es esto una afirmación muy veraz, ya
que si analizamos los datos censales podemos comprobar que en 1561 habían
7220 vecinos en La Laguna, y que en 1805 habían aumentado sólo hasta
los 9672, o sea, que en los casi dos siglos y medio habría aumentado en
tan sólo 2452 vecinos. Este estancamiento se manifiesta en la morfología
de la Ciudad, comprobable a través del análisis visual de los planos
de Torriani (1588) y de Pereyra Pacheco (1831).
Este
periodo de crisis económica y política del siglo XVII contrasta con el
florecimiento de las artes y la cultura en la Ciudad en el siglo XVIII.
La Laguna del Dieciocho, es la ciudad de las tertulias de poetas,
escritores y artistas que bajo el macenazgo de las más notables
familias (Nava y Grimón, Saviñón, Román,etc.) discuten sobre las
corrientes artísticas y políticas europeas que van arribando a las
islas. Es la Ciudad de las brillantes fachadas, es en definitiva, “la
capital de todo cuanto se refiere a las formas más elevadas de la vida
urbana, a la sociedad, el arte, al movimiento intelectual”.
En
el siglo XIX se acelera el proceso de decadencia de La Laguna, testigo
impotente de su pérdida de privilegios y poder frente a Santa Cruz, en otro tiempo pequeño puerto pesquero, que
cobra auge tras la destrucción, por el volcán, del puerto de
Garachico en 1706, asumiendo prontamente las labores administrativas y
sirviendo de sede a las nuevas instituciones creadas por la Administración
Estatal. A este proceso decadente contribuye la emancipación
administrativa de muchas poblaciones dependientes hasta ahora de La
Laguna. Fruto de esta rivalidad por ostentar el poder es el suceso, si
se quiere anecdótico, de desobediencia de La Laguna a la Diputación
Provincial creada en Santa Cruz en 1813.
Sólo
algunas y esporádicas construcciones
de la burguesía santacrucera en La Laguna calman el clima desolador en
el que vive inmersa la ciudad, a la vez que se asiste a la ubicación de
algunas instituciones culturales, como la Universidad de San Fernando, o
eclesiásticas como el Obispado (1818), que tratan de inyectar savia
nueva a la centenaria ciudad.
En la primera mitad
del siglo actual se produce una expansión del perímetro urbanizado,
incrementándose considerablemente la población lagunera, que alcanza
los 50000 habitantes en 1965. Desde ese inicio del despegue hasta la
actualidad La Laguna no ha parado de crecer, alcanzando en su último
censo del 1 de enero de 1995 los 127735 vecinos. Es desde la década de
los sesenta cuando el crecimiento se hace más patente, a la vez que
comienza a producirse un giro de la población desde el sector primario
hasta el terciario, que ocupa hoy día la mayor parte de su población
activa. Tanto las profesiones liberales,
como los sectores administrativos y servicios (transportes,
bancos, comercios, etc.) deben en gran medida su dedicación a la
Universidad, al Ayuntamiento o al Juzgado, que atraen hacia este centro
urbano un importante número de población.
En
la década de los sesenta se aprueban también el Plan de Volumetría,
de consecuencias nefastas para algunos edificios históricos,
sustituidos por nuevos inmuebles que no guardan relación alguna con el
Conjunto Histórico de la Ciudad. El mayor impacto destructivo se
produce en las calles Herradores y Carrera.
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